El valor de lo invisible
El trabajo más importante a menudo es el que nadie ve. Infraestructura, mantenimiento, prevención. Lo invisible sostiene todo lo visible.
Lo que nadie celebra
Nadie celebra que los servidores funcionaron sin problemas este mes. Nadie aplaude cuando un sistema de seguridad previene un ataque que nunca llegó a ocurrir. Nadie reconoce el mantenimiento preventivo hasta que falta.
El trabajo visible obtiene reconocimiento: el nuevo diseño, la funcionalidad llamativa, el lanzamiento espectacular. El trabajo invisible sostiene todo eso en silencio.
La paradoja del mantenimiento
Cuando el mantenimiento funciona, parece innecesario. Los sistemas están estables, todo fluye, ¿para qué gastar recursos en algo que ya funciona?
Cuando el mantenimiento falta, todo se rompe. Entonces parece que el problema es la tecnología, el equipo, la mala suerte. Rara vez se conecta el fallo con la falta de inversión previa.
Tipos de trabajo invisible
Hay muchas formas de trabajo que pasan desapercibidas:
La documentación que permite que otros entiendan un sistema.
Las pruebas automatizadas que detectan errores antes de que lleguen a producción.
Las copias de seguridad que nunca necesitas hasta que las necesitas desesperadamente.
La refactorización que mantiene el código manejable a medida que crece.
La formación que prepara al equipo para problemas futuros.
El sesgo hacia lo nuevo
Hay un sesgo natural hacia la creación sobre el mantenimiento. Crear es emocionante, tiene un inicio y un fin claro, produce algo tangible que mostrar.
Mantener es continuo, sin final definido, produce ausencia de problemas en lugar de presencia de novedades. Es más difícil de justificar, de presupuestar, de valorar.
Pero sin mantenimiento, lo creado se deteriora. Sin cimientos sólidos, los edificios colapsan.
Cómo valorar lo invisible
Primero, reconocer que existe. Hacer visible el trabajo invisible documentándolo, midiendo su impacto, comunicando su importancia.
Segundo, presupuestarlo explícitamente. Si el mantenimiento no tiene recursos asignados, no ocurrirá hasta que sea emergencia.
Tercero, celebrarlo. Reconocer públicamente el trabajo de prevención, de estabilidad, de continuidad.
La próxima vez que algo simplemente funcione, pregúntate qué trabajo invisible lo hace posible. Probablemente hay alguien dedicando tiempo y esfuerzo a que todo parezca fácil.
Ese trabajo merece reconocimiento, aunque su naturaleza sea no ser visto.