Lecciones de un rediseño fallido
No todos los proyectos salen bien. Un rediseño que parecía necesario terminó siendo un error costoso. Esto es lo que aprendimos.
El contexto
Un cliente llegó convencido de que necesitaba un rediseño completo. Su web tenía cuatro años, el diseño se sentía anticuado, la competencia tenía webs más modernas. Todo apuntaba a que era hora de cambiar.
Nosotros estuvimos de acuerdo. La web se veía vieja. Propusimos un rediseño desde cero con tecnología actualizada.
Fue un error.
Lo que parecía obvio
La web antigua convertía. No espectacularmente, pero de forma consistente. Los usuarios sabían dónde estaba todo, el flujo de compra funcionaba, el SEO estaba establecido.
Nada de esto entró en la conversación inicial. Estábamos todos enfocados en lo visual, en lo moderno, en lo que la competencia hacía.
Lo que salió mal
El nuevo diseño era objetivamente mejor. Más limpio, más rápido, más actual. Los usuarios objetivo lo preferían en tests.
Pero la conversión cayó un 23% el primer mes. Subió lentamente después, pero nunca recuperó los niveles anteriores.
El SEO sufrió. A pesar de redirecciones correctas y contenido migrado, perdimos posiciones que tardaron meses en recuperar.
Los usuarios existentes se quejaron. Tenían hábitos establecidos que el nuevo diseño rompió. Algunos dejaron de comprar.
Por qué ocurrió
Confundimos antiguo con malo. La web anterior no era mala, solo no era nueva. Esas son cosas diferentes.
No medimos lo que importaba antes de cambiar. No teníamos baseline claro de conversión por página, de flujos de usuario, de puntos de fricción reales.
Asumimos que mejor diseño significa mejores resultados. La correlación no es automática.
Lo que deberíamos haber hecho
Medir exhaustivamente antes de tocar nada. Entender qué funcionaba y por qué.
Cuestionar la premisa. ¿Realmente necesitaba un rediseño completo? ¿O mejoras específicas en puntos de dolor identificados?
Cambiar incrementalmente. Probar cambios en secciones limitadas antes de transformar todo.
Mantener lo que funcionaba. No tirar el bebé con el agua del baño.
La lección fundamental
El cambio por el cambio no es progreso. Antes de proponer una transformación, hay que entender profundamente qué se está transformando y por qué.
Una web fea que convierte es mejor que una web bonita que no convierte. El diseño sirve a objetivos de negocio, no al revés.
Qué hacemos diferente ahora
Empezamos con datos, no con opiniones. Antes de proponer soluciones, entendemos qué problema hay realmente.
Cuestionamos la necesidad de cambios grandes. A menudo la respuesta correcta es mejora incremental, no revolución.
Medimos continuamente. Si no podemos medir el impacto, no podemos saber si mejoramos o empeoramos.
Este proyecto nos costó un cliente satisfecho y una lección cara. Pero aprendimos algo que vale más: que nuestra intuición y la del cliente no son suficientes.
Los datos no mienten. Las opiniones sí, incluidas las nuestras.