Menos herramientas, más oficio
La obsesión por las herramientas nos distrae de lo esencial. El dominio de unas pocas herramientas bien elegidas supera la familiaridad superficial con muchas.
El síndrome del coleccionista
Cada semana aparece una herramienta nueva que promete revolucionar tu flujo de trabajo. Cada mes cambias de aplicación de notas, de gestor de proyectos, de editor de código. La búsqueda de la herramienta perfecta se convierte en una actividad en sí misma.
El problema no es probar herramientas nuevas. El problema es que la búsqueda constante impide desarrollar dominio real de ninguna.
El coste del cambio
Cada herramienta nueva tiene un coste de aprendizaje. No solo aprender a usarla, sino integrarla en tu forma de trabajar, migrar datos, ajustar hábitos.
Ese coste se paga cada vez que cambias. Y si cambias frecuentemente, nunca llegas al punto donde la herramienta desaparece y solo queda el trabajo.
Dominio versus familiaridad
Hay una diferencia entre conocer una herramienta y dominarla. La familiaridad te permite usar las funciones básicas. El dominio te permite hacer cosas que no sabías que eran posibles.
El dominio llega después de meses o años de uso consistente. Llega cuando dejas de pensar en la herramienta y empiezas a pensar directamente en el problema.
Un carpintero experto no piensa en el martillo mientras trabaja. El martillo es una extensión de su mano. Eso solo ocurre después de miles de horas con el mismo martillo.
El mito de la herramienta perfecta
No existe. Toda herramienta tiene limitaciones, toda herramienta requiere compromisos. La herramienta perfecta para ti es la que conoces profundamente, no la que tiene más funciones.
Un profesional con herramientas simples que domina producirá mejor trabajo que un aficionado con las herramientas más sofisticadas.
Criterios para elegir herramientas
Estabilidad: herramientas que llevan años funcionando probablemente seguirán funcionando. Las que acaban de salir pueden desaparecer mañana.
Simplicidad: menos funciones significa menos que puede romperse, menos que aprender, menos que distraiga.
Interoperabilidad: herramientas que trabajan bien con otras, que no te atrapan en ecosistemas cerrados.
Trayectoria: empresas o proyectos con historia, que han demostrado compromiso a largo plazo.
La pregunta que importa
La próxima vez que veas una herramienta nueva y brillante, pregúntate: ¿qué podría hacer si dedicara ese tiempo a dominar mejor lo que ya tengo?
A menudo la respuesta es: más de lo que imaginas.